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El requiem intercultural de Goat

Es complicado sobreponerse al impacto inicial que supuso el descubrimiento de la banda sueca Goat. No todos los días un grupo de suecos enmascarados que provienen de la pequeña localidad de Korpilombolo, cercana al círculo polar ártico, nos conectan con las músicas del mundo a través de ese folkrock psicodélico tan particular que hacen.

Aunque su origen no deja de ser parte de la mitología propia que se están construyendo a través de su enigmática actitud. Trazar la conexión entre el sonido folclórico de una pequeña aldea lapona perdida de la mano de dios con otras sonoridades tribales de sitios tan diversos como África, la India o Sudamérica, hace que veamos el valor especial que tiene Goat.

Su música es mucho más que aunar psicodelia, folk y rock con las músicas del mundo, transciende esos conceptos y nos hace ver que no nos diferencian tantas cosas entre las diferentes culturas que pueblan este planeta. Estamos ante un ritual sonoro que respira una mística que penetra y toca elementos ancestrales de nuestro ser.

Ese es el gran valor que ha sabido trazar la banda sueca tras sus dos trabajos World Music (Rocket Recordings, 2012) y Commune (Subpop, 2014). Tras digerir todo lo que supuso Goat y sus anteriores trabajos, ese halo de misterio sigue presente actualmente con su nuevo disco Requiem (Subppop, Rocket Recordings, 2016) confirmándose como una ‘rara avis’ de personalidad única.

Porque tras sus máscaras, las túnicas multicolor, esas danzas y el enigma que transmite,  hay una banda que ha evolucionado su propia cuadratura del círculo con Requiem. Posiblemente este trabajo sea un disco más maduro, pero eso no le ha quitado que sigan conservando su frescura e identidad, llena de energía y conexión.


Goat

Para el que escribe es irremediable pensar en los integrantes de la banda como una especie de duendecillos trovadores que están interconectados con la naturaleza y el planeta tierra, a la que le cantan de manera festiva e introspectiva, siempre buen rollera.

Con esa sensación comienza el ritual de Requiem, por medio de esas flautas y el sentimiento jubiloso del tema Djôrôlen , Union Of Sun And Moon que se convierte en algo étnico y más tribal en Sing In Silence o el posterior Try my Robe, con las cadencias del desertblues que también saben incorporar a su propia esencia.

El rito sigue su marcha con Temple Rhythms, bailando alrededor del fuego y bajo las estrellas para converger con Alarms y esas guitarras eléctricas que empiezan a asomar la cabeza con texturas de psicodelia sesentera. En este punto el disco vuelve al júbilo buen rollero con Trouble In The Streets, uno de los temazos del disco con ese riff made in Malí, que se expande en la reverberación para crear la hipnosis apropiada con la que nos atrapará el núcleo del disco, con esos cánticos místicos con los que empieza Psychedelic Lover.


Goat

A partir de aquí es cuando Requiem te ha atrapado con su sensual y cálida psicodelia. Desde este punto sólo estas listo para seguir fluyendo con la inercia y que mejor que un poco de krautrock, con el espíritu de Jefferson Airplane, para elevarte sobre el temazo Goatband.

Cada vez que estos suecos añaden la palabra Goat a sus temas sabes que esa canción será toda una experiencia. No me pregunten por qué. Son tipos que llevan máscaras y bailan danzas suomi. It’s Not Me y All-Seeing Eye son dos piezas que van trazando la calma para encarar la recta final.

Muchos discos concebidos como rituales sónicos atraviesan su densidad y clímax en las partes finales. Goat no va a ser menos, como buenos chamanes musicales. Goatfuzz se construye con una uniformidad mántrica que permite cabalgar a la guitarra con un jam lisérgico que nos dejará en trance para Goodbye, un tema elaborado sobre la kora africana con el que nos zambulliremos en Ubuntu, el epílogo relatado que se escribe sobre música donde se cierra esa idea que ha ido flotando por todo el disco a través de las diferentes músicas del mundo: derribar las barreras culturales al unir los pueblos por medio del mensaje transversal que traza la música alrededor del globo.

Todo un broche y que resume bien lo que hace especial a esta banda sueca de Korpilombolo, cerca del círculo polar ártico, alejados del mundo, creando su propia mitología musical.

Kannabia seed Company vende a sus clientes un producto de colección, souvenir. No podemos ni debemos dar consejos de cultivo pues nuestro producto no está destinado a tal fin.

No nos hacemos responsables del uso ilícito que se pudiera realizar por terceras personas de la información aquí publicada. El cultivo de cannabis para el auto consumo es una actividad sujeta a determinadas restricciones legales que varían entre los distintos Estados. Recomendamos revisar la legislación vigente en el país de residencia para evitar incurrir en la realización de una actividad ilegal.

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