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Forastero: eclecticismo y Jazz del siglo XXI

Enciendo el teléfono y pulso el acceso directo de Ivoox, mi aplicación de podcast. Como cada martes espero escuchar el programa de Carne Cruda, toda una religión en casa y una manera diferente de entender y hacer radio. Empieza la habitual sintonía y el editorial de Javier Gallego, conocido popularmente como “Crudo”. Destripa como sólo él sabe la actualidad de este país surrealista en el que vivimos y da paso al tema musical que va abriendo la emisión. Suenan las notas y la canción va creciendo, se va convirtiendo en algo grande. Estoy en la cama tirado escuchando atentamente y pienso, coño, qué temazo. Espero ansioso a saber de qué grupo se trata, suena que te cagas. Termina el tema. Sin corte, Crudo dice que se trata de su banda Forastero y el disco en cuestión El submarinista en el tejado (Lovemonk, 2016), publicado el 18 de noviembre.

Sabía de la afición musical del presentador de Carne Cruda desde hace años, también que tocaba la batería. No imaginaba que el proyecto que dejó en suspensión durante un tiempo terminaría sonando tan bien. Sería absurdo pensar que  Javier Gallego es el artífice de todo esto. Puede arrastrar y llevar cierta idea de ese horizonte artístico difuso por el que transitan las bandas con sus biorritmos internos, tan inestables dentro de una extraña firmeza. La esencia de una banda, sea cual sea el género,  la forman la mezcla de personas, cada uno de su padre y de su madre, y luego sus roles como músicos. Forastero tiene en sus filas a auténticos pesos pesados de la escena madrileña y de la música. Ese es el valor más importante de este grupo, la versatilidad de estilos que hacen que la raíz Jazz de la banda quede  entrelazada con tendencias de hoy en día.

El submarinista en el tejado, como la contradicción de su nombre indica, supone romper con cierta lógica en la concepción de los temas. Se nota que han trazado la sonoridad del disco sin unos esquemas predeterminados. Este punto es lo que hace que el disco adquiera su propia personalidad. Gracias a la mezcla de géneros y a una composición de los temas con un aire más actual, sobre todo por los elementos de electrónica y rock experimental, el resultado es un disco muy heterogéneo de Jazz instrumental electrificado, con partes muy bailables, que suena a siglo XXI y que rompe con los cánones del género.

El disco abre con el título que da nombre a este trabajo, El submarinista en el tejado, con una calma tensa que va creciendo desde el inicio, sumando elementos que estallan en una locura que se consigue canalizar perfectamente por la secuencia del sintetizador y el saxo barítono. Frenesí es un tema que ya estaba en los primeros trazos de Forastero, hace unos años. Se nota que le han dado una vuelta para adaptarlo a la nueva identidad de la banda con un gran resultado. Llegamos a The Box, un tema que a los amantes de Orbital les llevará al recuerdo de la canción del grupo inglés pero con el toque de la banda madrileña. Jazz y música electrónica se dan la mano gracias a una concepción experimental del desarrollo que acompaña a todo este trabajo pero con esencia orgánica. Seguimos con Dormíamos, despertamos, un tema de espectro postrock que te emociona con ese contraste entre partes. Tema con cierta carga conceptual. Comienza con aletargamiento, parecido al que vivía la sociedad hace unos años y que da paso a ese despertar en el que nos encontramos actualmente. Difícil canalizar todas estas emociones solamente como banda instrumental. Al saber trazarlo con sentido el efecto es demoledor. Nos acercamos al ecuador del disco con Morfina, con ese título como claro homenaje a la banda americana Morphine de principios de los noventa. De alguna manera Forastero se ve reflejado con ellos ya que Morphine transitó por ese sonido singular de la mezcla del Jazz y el blues con la eclosión del rock alternativo de los ochenta. Todo el eco de aquella ola experimental que cubrió a ciertos grupos de la época llega hasta nuestros días con regusto actual o moderno, para que entendamos la trascendencia de lo que ocurrió en todos esos años. Baile Watusi supone uno de mis temas favoritos, con esa rítmica que te pone a mover el culo en la silla. Es irremediable ponerse a bailar con los músicos que conforman parte de Forastero, curtidos en mil batallas funk y soul. Esta es una de las muchas caras que conforman el  collage sonoro de la banda madrileña.

A esta altura el oyente ya se ha metido en el agujero que se abierto gracias a la sonoridad experimental que se rezuma el disco , ¿por qué no incluir unas cornetas a todo este rollo de jazz raro? Tira que funciona seguro. Por la calle de la amargura nos mete con jazz trianero en la Semana Santa sevillana o en una peli del oeste de Sergio Leone. A Silvio le hubiese encantado. Vuelve el ritmo, que de alguna manera siempre está presente, con El dolor del dinero, tema de transición bailable muy bien trazado que nos lleva a Medicine Man con esa esquizofrenia desatada de guitarra y saxo. Como decimos, la alargada sombra de King Crimson casa muy bien también con la identidad de Forastero, con esquemas progresivos de los que bebe la banda madrileña pero sin pasarse de improvisación y paja sonora. Todo está muy atado y amarrado desde una lógica. El último corte empieza con el lamento del piano y el theremín que se va distorsionando en un scratching trip hop, mientras el saxo anda poseído conforme se acerca el sinfónico final. La balada del hueso lamido es de esas canciones que cierran bien discos de la naturaleza de este Submarinista en el tejado. Un tema que hace alarde de todo lo que posee este trabajo: experimentación, atmósfera, ritmo, intensidad y eclecticismo  musical. Un disco poliédrico que te atrapa y que supone un soplo de aire freso a esquemas más tradicionales que se enriquecen por la inclusión de elementos más actuales gracias a una concepción más libre en la composición y en la musicalidad.

 

 

Kannabia seed Company vende a sus clientes un producto de colección, souvenir. No podemos ni debemos dar consejos de cultivo pues nuestro producto no está destinado a tal fin.

No nos hacemos responsables del uso ilícito que se pudiera realizar por terceras personas de la información aquí publicada. El cultivo de cannabis para el auto consumo es una actividad sujeta a determinadas restricciones legales que varían entre los distintos Estados. Recomendamos revisar la legislación vigente en el país de residencia para evitar incurrir en la realización de una actividad ilegal.

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