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La fundación de Michael J. Fox apoya tres proyectos de ley para facilitar la investigación sobre cannabis medicinal en Estados Unidos

Michael J. Fox fue diagnosticado de Parkinson en 1991. Entonces tenía solo 30 años y había pasado tan solo un año desde que interpretó, a McFly en la tercera parte de la trilogía de Regreso al Futuro. Actualmente es el presidente de la mayor organización sin ánimo de lucro que financia investigaciones sobre esta enfermedad, The Michael J. Fox, Foundation for Parkinson’s Research (MJFF), y se ha propuesto acabar con las trabas legislativas que impiden la investigación sobre los usos del cannabis en la lucha contra el Parkinson en Estados Unidos.

En la actualidad, son ya 33 los estados de Estados Unidos que han aprobado legislaciones que permiten el uso de productos derivados del cannabis para uso medicinal; pero en cada estado, la fórmula es distinta, los productos a los que se tiene acceso son diferentes y las condiciones para acceder a estas medicinas también. En total, son trece los estados que permiten el uso de cannabis medicinal para enfermos de Parkinson: Connecticut, Florida, Illinois, Iowa, Massachusetts, Missouri, New Hampshire, Nuevo México, Nueva York, Ohio, Pennsylvania, Vermont, y Virginia Oeste. Pero, aun estando legalizado su uso, a veces hay condiciones adicionales, como en Nueva York, donde, según señalan desde la MJFF, además de tener Parkinson en nivel avanzado, la persona tiene que sufrir de malnutrición extrema, dolor crónico o severo, náuseas severas, convulsiones o espasmos musculares severos o persistentes.

La enfermedad de Parkinson afecta a los ganglios basales, un circuito de células cerebrales que controla el movimiento y en los que se encuentran cantidades altas de receptores que se unen con cannabinoides que el cuerpo produce de forma natural para controlar el sueño, el apetito o el estado de ánimo, según explica la fundación. Es por esto por lo que se ha pensado en el cannabis como una sustancia que explorar a la hora de aminorar las consecuencias del Parkinson.

“Trabajos preclínicos, incluidos varios estudios financiados por la MJFF, muestran que los cannabinoides pueden proteger las células cerebrales a través de mecanismos antioxidantes y antiinflamatorios”, señalan desde la fundación.

También que puede aminorar los síntomas sobre el sistema motor y otros del Parkinson, además de los movimientos involuntarios que ocasiona la Levodopa, el tratamiento más eficaz en la actualidad contra el Parkinson.Pero los resultados, explica la fundación, son en algunos casos positivos y en otros negativos. “Lo que deja a pacientes, médicos e investigadores con evidencia insuficiente de que la marihuana medicinal y los cannabinoides son un tratamiento efectivo para el Parkinson” y las investigaciones están limitadas por la legislación federal.

“Las regulaciones actuales que rodean el cannabis bloquean la investigación médica integral sobre la droga y sus compuestos constituyentes”, explican desde la fundación en una carta remitida a senadores y congresistas en junio de 2019. “Debido a su clasificación federal como un medicamento de la Lista I, junto con la baja cantidad y calidad de cannabis producida por el único cultivo aprobado por el gobierno federal, los investigadores no tienen los materiales adecuados para realizar la investigación necesaria”.

La reclasificación a nivel federal del cannabis es, de hecho, el objeto de uno de los tres proyectos de ley apoyados por la MJFF para facilitar la investigación sobre el cannabis.

 

 

La Expanding Cannabis Research and Information Act llegó al Congreso de Estados Unidos en septiembre de 2019 impulsada por la diputada demócrata Donna E. Shalala, que fue secretaria de Salud y Servicios Sociales durante el gobierno de Bill Clinton. El proyecto de ley, que ha contado con el apoyo en su entrada a la Cámara legislativa de los también demócratas Barbara Lee y Joe Courtney, además del republicano Matt Gaetz, está en sus primeras fases y tiene como objetivo la reclasificación del cannabis para que pase del listado I de medicamentos, que agrupa a los fármacos que no tienen un uso médico aceptable y sí un alto grado potencial de abuso —actualmente incluye, además de a la marihuana, a la heroína, el LSD, el éxtasis, la metacualona y el peyote. La cocaína está en el listado II, en el que se incluyen sustancias consideradas menos lesivas que las del listado I—, al listado III, que incluye sustancias con un potencial de moderado a bajo de dependencia física y psicológica, como la ketamina o la testosterona.

“La reclasificación reconocería oficialmente que el cannabis es una droga con uso médico aceptado”, señalan desde la fundación. “El proyecto de ley también eliminaría una variedad de restricciones regulatorias que actualmente dificultan que las universidades realicen ensayos de investigación relacionados con la marihuana”, añaden.

Otro de los proyectos de ley es el Medical Cannabis Research Act, introducida en el Congreso de Estados Unidos en enero de 2019 por el republicano Matt Gaetz y que tiene como finalidad proteger a las instituciones que quieran estudiar el cannabis de la persecución federal y con la que los enfermos de Parkinson de edad avanzada recibirán información para formar parte en estudios sobre cannabis aprobados a nivel federal.

El otro proyecto de ley apoyado por la fundación, el VA Medicinal Cannabis Research Act, está en estudio en el Congreso también desde enero de 2019 y está enfocado en el impulso de estudios sobre los efectos de la marihuana sobre enfermedades que afectan a los veteranos de guerra —que a día de hoy no pueden acceder a los medicamentos relacionados con el cannabis por legislación federal— como el estrés postraumático y el dolor crónico, enfermedades sobre las que numerosos estudios muestran ya que el cannabis tiene efectos positivos.

El cultivo de cannabis para el autoconsumo es una actividad sujeta a determinadas restricciones legales que varían entre los distintos estados. Recomendamos revisar la legislación vigente en el país de residencia para evitar incurrir en la realización de una actividad ilegal.

La finalidad de esta publicación es meramente divulgativa, transferencia horizontal de conocimiento en el campo de la horticultura técnica.

No nos hacemos responsables del uso ilícito que se pudiera realizar por terceras personas de la información aquí publicada.

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El cultivo de cannabis para el autoconsumo es una actividad sujeta a determinadas restricciones legales que varían entre los distintos estados. Recomendamos revisar la legislación vigente en el país de residencia para evitar incurrir en la realización de una actividad ilegal.

La finalidad de esta publicación es meramente divulgativa, transferencia horizontal de conocimiento en el campo de la horticultura técnica.

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