La Policía de Gales del Norte propone distribuir cannabis en las cárceles

La Policía de Gales del Norte propone distribuir cannabis en las cárceles

Por: Teresa Garcia Activismo

El portavoz de la policía en Gales del Norte, Arfon Jones, argumenta que esta medida supondría un gran paso adelante para reducir la violencia y también las muertes causadas por sobredosis, así lo ha manifestado «suministremos cannabis en condiciones controladas y veamos si se reducen los delitos».

En una entrevista en exclusiva con The Guardian, Jones ha afirmado que las cárceles deberían hacer pruebas con un sistema de distribución de cannabis gratuito entre los reclusos con dependencias a las drogas, para comprobar si esta medida puede ayudar a reducir las muertes causadas por sobredosis y la violencia que se vive en las prisiones, para de esta forma ayudar a los reclusos a superar adicciones a los opioides.

Jones, de 66 años, ha llegado al cargo de comisionado de la policía después de servir como policía durante varias décadas antes de jubilarse en 2008, cuando ocupaba el cargo de inspector de operaciones en la zona este de Gales del Norte. Después pasó a trabajar para el servicio de Atención Social a la Infancia en Wrexham, el municipio con mayor población de Gales del Norte con 68.000 personas.

La Policía de Gales del Norte propone distribuir cannabis en las cárceles

“El objetivo es hacer que las cárceles sean más seguras”, señala el comisionado de la policía. “Si se toma en serio la reducción de la violencia en las cárceles, habría que abordar las causas, y estas son en su mayoría, las sustancias psicoactivas. Además, hay una amplia gama de problemas que el cannabis debería resolver para reducir riesgos”, añade.

Según explica el comisionado, en las cárceles muchos presos reciben tratamiento de sustitutos de la heroína como la metadona y la buprenorfina, o reciben analgésicos como pregabalina y gabapentinoides, todos ellos muy adictivos. Entre los efectos secundarios de los gabapentinoides se citan los comportamientos suicidas. También es habitual en prisión la entrada de drogas ilegales.

Si toman opioides, ¿por qué no se les puede recetar cannabis?”, señala Jones a The Guardian. “Los opioides son mucho más peligrosos que el cannabis. También sería una mejora con respecto al spice ilegal que introducen de contrabando los funcionarios de prisiones corruptos”, añade. Jones se refiere al cannabis sintético, conocido popularmente como spice en inglés y que intenta imitar los efectos del THC, pero cuyos efectos secundarios son peligrosos.

 

 

Según una investigación publicada también por The Guardian en diciembre, desde 2015 se cuentan más de 300 funcionarios de prisiones en Reino Unido que han sido despedidos o condenados por introducir en las cárceles objetos o sustancias prohibidas, entre ellas cannabis sintético. El número de episodios de drogas incautadas en las cárceles de Reino Unido alcanzó los 21.575 en 2020, un 18% más que en el año anterior.

Entre los años 2008 y 2016, cerca de noventa presos murieron por causas relacionadas con drogas, especialmente con la metadona, la heroína y la benzodiacepina, según el primer estudio sobre la causa de muerte en las cárceles, realizada por la Oficina de Estadísticas Nacionales, publicada en 2019. El mismo estudio que también analiza los suicidios en prisiones, eleva este tipo de muertes a 462 en el mismo periodo. Según datos del Ministerio de Justicia británico, solo en 2020 se contaron 76 muertes por suicidio en las prisiones británicas y en 2019 se alcanzaron las 87 muertes por esta misma causa.

La propuesta de distribuir cannabis entre los reclusos en Reino Unido no es exclusiva de Arfon Jones. En 2018, la farmacóloga de Glasgow Stephanie Sharp también propuso que la administración distribuyera entre los internos cannabis de forma gratuita para disminuir las muertes causadas por el cannabis sintético. Lo hizo después de que ese mismo año, se abriera una investigación por la muerte de un preso supuestamente relacionada con el consumo de cannabis sintético en la prisión de Edimburgo. Un año antes, en 2017, tres funcionarios de la prisión de Addiewell, a 40 kilómetros de Edimburgo, tuvieron que ser llevados de urgencia al hospital por inhalar el humo de este tipo de cannabis al entrar a la celda de un preso que había estado fumando.

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