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Louisa May Alcott, la creadora de Mujercitas y el cannabis

En 1868 Louisa May Alcott publicó Mujercitas, una novela que se ha convertido en un libro de cabecera para muchas generaciones de niñas. ¿El motivo? La rebeldía y frescura de una de sus protagonistas, Jo, que se rebeló contra las convenciones sociales. Parece que hay algo de autobiográfico de la autora en esta historia. En este artículo ahondamos en el compromiso y activismo de esta escritora del siglo XIX.  

Tal vez hoy en día Mujercitas no resulte una historia tan transgresora. Pero que en 1868 un personaje como Jo March se cortara el pelo como un chico porque aborreciera las características femeninas y huyera constantemente de los estereotipos de la época fue algo totalmente rompedor. No fue lo único que hizo, ya que también rechazó casarse con su mejor amigo y dedicó su vida a su auténtica pasión, escribir. 

Se nota que este clásico de la literatura protagonizado por cuatro hermanas está escrito por una mujer, que dio a cada una de sus personajes atributos propios, alejados de supeditarse a la historia de ningún hombre. Una novela del siglo XIX que pasaría con éxito el test de Bechdel, ya que en ella hay al menos dos personajes femeninos (al menos nueve); todos tienen nombre y hablan entre sí de cosas distintas que versen sobre un hombre.

Parece que no podía ser de otra manera si analizamos la vida de Louisa May Alcott, una escritora estadounidense que nació en una familia de padres activistas comprometidos con el movimiento abolicionista y el sufragismo. La misma escritora rompió todos los convencionalismos de la época, ya que nunca se casó, se opuso a la esclavitud y apoyó con toda su energía el voto femenino. Durante su vida fue maestra, costurera, institutriz, escritora y durante la Guerra de Secesión fue enfermera.

Tampoco se calló nunca, de hecho, para escribir sobre temas tabúes de la época usó el seudónimo A.M Barnard. Destaca una colección de novelas y relatos que se centraba en el adulterio y el incesto. Tampoco tuvo ningún problema para hablar abiertamente sobre hachís en una de sus novelas. En 1869 publicó Juego peligroso, un cuento publicado de forma anónima esta vez. El relato nos acerca las aventuras de unos jóvenes socialités aburridos que consumen dulce de hachís. Dos de ellos se pierden en un velero, pero al final sobreviven y encuentran el verdadero amor. 

En El gran libro del cannabis. Guía completa de los usos medicinales (1999), de Rowan Robinson podemos leer: “La historia termina cuando regresan sanos y salvos a la fiesta, durante la cual la heroína implora: – Ah, señor Done, ¡apárteme de sus ojos y de sus preguntas cuanto pueda! Estoy tan agotada y nerviosa que me traicionaré. ¿Me ayudará?- Y se volvió a él con una mirada confiada, curiosamente contrastante con el dominio de sí que normalmente tenía. – Te defenderé con mi vida si me dices por qué tomaste hachís- dijo él, deseoso de saber su destino. -Esperaba que me hiciera suave y adorable, como las demás mujeres. Estoy harta de ser una estatua solitaria- titubeó ella, como si le arrancara la verdad un poder superior a su voluntad. – Y yo lo tomé a fin de cobrar valor para declararte mi amor. Rose, hemos estado juntos cerca de la muerte; compartamos la vida, y ninguno de los dos volverá a estar solo o a tener miedo. Le tendió la mano con las emociones pintadas en el rostro. Ella le dio la suya con una mirada de ternura y sumisión, mientras decía ardientemente: “El cielo bendiga al hachís, si su sueño termina así”. 

No tenemos ni idea de si L.M Alcott probó el cannabis. En 1860 se comercializaron caramelos de jarabe de arce. Madeline Stern, estudiosa de su obra, escribió: ¿Usó Louisa Alcott alguna vez hachís? Estaba disponible a seis centavos de dólar. ¿Había oído hablar la escritora del Club de Hashís para escritores y artistas? Su descripción de los efectos del hachís en Perilous Play (Juego peligroso) sugiere una incomparable imaginación o una familiaridad con la droga”. 

Da igual si lo consumía o no, lo que nos encanta de esta autora es que fue un alma libre y comprometida, que nunca se puso el corset de las convenciones sociales que oprimían a las mujeres en aquella época.

Kannabia seed Company vende a sus clientes un producto de colección, souvenir. No podemos ni debemos dar consejos de cultivo pues nuestro producto no está destinado a tal fin.

No nos hacemos responsables del uso ilícito que se pudiera realizar por terceras personas de la información aquí publicada. El cultivo de cannabis para el auto consumo es una actividad sujeta a determinadas restricciones legales que varían entre los distintos Estados. Recomendamos revisar la legislación vigente en el país de residencia para evitar incurrir en la realización de una actividad ilegal.

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