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Omega: Enrique Morente y Lagartija Nick. Remasterización de la historia

Llueve y hace frío. Hace esa rasca seca granaína que te corta la cara. Ya ha nevado en la sierra.  Son las 13:00 de la tarde y dentro de una hora entro a currar. Entro a las 14:00, horario de mierda. Prepárate el táper y pilla la bici para adentrarte en el caos del centro de Granada. Juégate la vida yendo a rebufo de la LAC. Tengo un contrato cutre temporal de cuatro meses como auxiliar de sala en una exposición. Demos gracias al Estado y a Mariano por trocear nuestro futuro profesional. Aunque todos esos inconvenientes se minimizan ya que ir al trabajo supone frikear a tope.

Durante una temporada esta fue mi rutina. Tuve que trabajar en un sitio muy especial, una mina de saber y en cierta manera de antropología musical. En esos cuatro meses descubrí el Centro de Documentación Musical de Andalucía, con motivo de la exposición “Universo Morente”. Recuerdo con cariño ese tiempo. Una institución a la orilla del Darro, cerca del Bañuelo, que albergaba todo el catálogo de discos editados en Andalucía,  restauración de material antiguo y reliquias relacionadas con la música mecánica tales como cilindros de cera, discos de pizarra, organillos o pianolas de finales del siglo XIX y principios del XX. Para un melómano en potencia como soy yo, lo flipaba.

Si me preguntan qué era lo que hacía ahí les diría que adentrarme en un mundo para mí muy desconocido y currar atendiendo al personal, en este orden. Aclaremos una cosa, durante la semana entraba poca gente, las cosas como son. Porque seamos sinceros, los granadinos no tenemos ni puta idea de sitios como este, muy en nuestra línea de que desde fuera aprecien más lo que somos, que nosotros mismos desde dentro. La gente que entraba lo hacía por el reclamo de la exposición, pero El Centro de Documentación Musical pasaba inadvertido, aunque siempre tenga abiertas sus puertas a quién quiera adentrarse en todo lo que pueda ofrecer este lugar tan especial. Allí pude zambullirme en todo ese mundo mientras realizaba esas funciones tan exigentes de ser un mueble inerte vestido con traje de chaqueta rabicorto, como dios manda y corbata de la que nunca deshice el nudo.

A la sombra de la Torre de Comares leía libros, escuchaba música y hablaba con el personal del centro, auténticas enciclopedias con patas. Fue ahí donde confirmé esa estrecha relación entre el flamenco y la música andalusí del norte de África, una conexión que siempre me intrigó. Pasé muchas horas allí solo, rodeado del saber flamenco, la música clásica, géneros tradicionales y sobretodo por la omnipresente presencia de Enrique Morente. Él era el protagonista de esa exposición. En la sala de conferencias el proyector iluminaba la penumbra con vídeos sobre varios de sus trabajos. Esa repetición infinita me había erosionado el subconsciente, día tras día. No sé cuántas veces pude verme las películas exclusivas cedidas por la familia Morente con motivo de este tributo. Todo eso caló y me fui morentizando. Por allí pasaba gente de todo tipo y de todo el mundo. Seguramente el visitante extranjero es el que más valoraba su obra o por lo menos era el que con más pasión hablaba. Visto desde fuera, me hablaban de él como si de un Jimi Hendrix se tratase. Para ellos era una figura universal. Lo que decimos, desde fuera saben valorar lo que exporta esta tierra mucho mejor que nosotros mismos. Siempre muy triste ver esto. También se acercaban familiares, vecinos y amigos del cantaor que me relataban experiencias personales y vivencias. Impregnado por entrevistas, actuaciones, anécdotas y el desarrollo de su carrera a través de sus discos, fueron pasando los días y semanas.

Antes de este trabajo en la exposición, había entendido la trascendencia de una figura como la suya. Tenía algunos de sus discos pero fue durante esos cuatro meses cuando me metí de lleno y respeté aún más su obra. Para mí se convirtió en un autentico revolucionario de la música en general, no sólo del flamenco. Omega, el motivo general de estas líneas, no fue el capricho de un día de Enrique Morente. No era plantearse hacer algo diferente y rompedor, que también, más bien se venía gestando desde hacia tiempo debido a su actitud inquieta. Fue allí en el Centro de Documentación Musical cuando comprendí todo eso. Enrique ya se había labrado una imagen como renovador del flamenco desde los 70, y con el paso de los años esa tendencia se fue acrecentando conforme iba derribando tabúes musicales. Ante todo, él quería seguir manteniendo siempre un hilo conductor con la tradición flamenca, era lo más importante, pero adaptándola hacia nuevas experiencias. Actualizar el flamenco. Visiones como la suya hacen evolucionar la música. Hay ciertas personas que están por encima de estilos y géneros. Sólo desde esa perspectiva más general, sin ataduras y esquemas predefinidos, puede conseguirse una visión mayor para elaborar propuestas tan rompedoras como las que ofrecía el ronco del Albaicín. Sólo con esa actitud se pudo parir un disco tan vanguardista como Omega.

El pasado 25 de noviembre se puso a la venta Omega:Enrique Morente & Lagartija Nick Edición 20⁰ Aniversario (Universal, 2016). Una remasterización que cuenta con material inédito, demos y versiones alternativas que harán las delicias de los enamorados de este disco. Veinte años desde que Enrique Morente se aliase con los Lagartija Nick para hacer historia en la música española. Un disco que sin la influencia de Leonard Cohen, fallecido recientemente, hubiese sido difícil de gestar. El canadiense actuó de enlace entre la poesía de Lorca, el flamenco y el artista granadino, como explicamos hace unas semanas en este artículo con motivo de su muerte. Ha tenido que pasar todo este tiempo para que la onda expansiva del puñetazo sobre la mesa que supuso este disco se extendiese y gozase del reconocimiento general. Cuando se publicó, pocos lo comprendieron. Esto me hace plantearme, ¿y quién quiere el reconocimiento general cuando se tienen que elaborar propuestas tan arriesgadas como ésta? Lo mejor, pasar de la gente. Qué sabrán. Trazar una línea personal, alejada de lo que piense el público, es la manera de construir obras como Omega, como muchas otras en la historia de la música y la cultura en general. Muchos puristas del flamenco, los flamencólicos, además de rockeros y punkis añejos, discrepan cuando la pureza de sus géneros peligra al realizar experimentos con otros estilos o se cambia algo. Sólo es ruido irracional por el miedo ante nuevos y arriesgados caminos. Deberían de darse cuenta que los estilos que ellos  mismos defienden han surgido por la mezcla de otros anteriores. Puros talibanes de la música. Con los años callan. Como suele pasar con estas obras rompedoras, se adelantaron a su tiempo.

Los que hemos mamado el disco desde hace años sabíamos que tarde o temprano el tiempo lo pondría en su lugar. Un trabajo que le costó el respeto, tanto a Enrique como a los Lagartija Nick, con críticas en su círculo personal como en el musical. Antonio Arias vio como poco a poco su banda se fue descomponiendo, por la dedicación exclusiva que le dedicó al proyecto; y a Enrique le costó que el sector más purista del flamenco se le echase encima. Ellos sabían eso y aún así continuaron por la misma línea. Lo que hace grande a este binomio es que a lo largo de sus respectivas carreras siempre han ido a contracorriente, con esa metamorfosis musical tan característica de cada uno. Yo personalmente me alegro por Lagartija Nick y Antonio Arias. Es ahora, desde hace unos años, cuando la banda goza de cierto reconocimiento. Aparentemente eso les daba a igual a Antonio y los suyos desde sus comienzos a principios de los 90. Así se ha podido parir una carrera profesional auténtica y personal, alejada de expectativas. No hay que olvidar que los que ahora encumbran su obra, echaban mierda sobre ella hace años. La importancia de esta banda a nivel nacional es crucial y ya era hora de saber valorarla, aunque buscar eso en el mundo irracional en el que vivimos suele ser altamente complicado. Este mundo se mueve por otros valores.

La historia de esta actitud personal y valiente se refleja en el documental Omega (Sacromonte Films, 2016), que se estrena en los cines por el vigésimo aniversario del disco. Desde está sección recomendamos encarecidamente la visualización del documental. Hay partes que ponen los pelos de punta y hacen estremecerse. Escuchar hablar a los protagonistas que elaboraron esta obra no tiene precio. Un gran trabajo de Gervasio Iglesias y José Sánchez-Montes, que ya había trabajado con la familia Morente en aquel otro gran documental sobre el disco Morente Sueña la Alhambra (Virgin, 2005). No destriparemos nada sobre su contenido, hay que verlo y sentir la fuerza de cómo se gestó esta obra que marcó un antes y un después. Historia pura de nuestra música contemporánea.

Kannabia seed Company vende a sus clientes un producto de colección, souvenir. No podemos ni debemos dar consejos de cultivo pues nuestro producto no está destinado a tal fin.

No nos hacemos responsables del uso ilícito que se pudiera realizar por terceras personas de la información aquí publicada. El cultivo de cannabis para el auto consumo es una actividad sujeta a determinadas restricciones legales que varían entre los distintos Estados. Recomendamos revisar la legislación vigente en el país de residencia para evitar incurrir en la realización de una actividad ilegal.

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