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Me miró y me dijo, “tú pareces una persona a la que puedo proponerle esto" - Un viaje de trimming en California

Sparks pasó de estar harta de su ciudad en España a viajar a EE.UU con su ukelele y encontrar trabajo haciendo trimming, o poda, gracias a un micro abierto en un pueblo perdido del Condado de Mendocino. A veces lo único que necesitas para que las cosas salgan bien es lanzarte a la piscina, aunque estés cagada de miedo. Todo en esta entrevista es absolutamente real, menos los nombres de sus protagonistas.

Laura Rueda - ¿Cómo decides viajar a EE.UU para hacer trimming?

Sparks - “No lo decidí yo en realidad, me fui con Dakota, una compañera de trabajo a la que prácticamente no conocía. Un día estábamos hablando y le dije que me hacía falta pasta, que estaba harta de estar en la ciudad y que necesitaba irme de aquí. Me miró y me dijo: “tú pareces una persona a la que puedo proponerle esto. Yo voy a hacerlo, y si te quieres venir conmigo me parece que nos podríamos llevar guay”. Llevábamos seis meses trabajando juntas, pero habíamos coincidido como ocho veces solo. Y le dije que sí. Me explicó de qué iba la movida porque yo no sabía ni que la marihuana era legal. Al principio me daba bastante miedo, pero luego le dije que sí. ¡A la aventura! ¿Por qué no?”.

Laura Rueda - ¿Cómo preparaste el viaje?

Sparks - “Nos estuvimos informando mucho, nos sacamos un visado que necesitas para viajar allí. Te dura dos años, pero sólo te puedes quedar 89 días. Luego tienes que salir del país y no puedes irte ni a México ni a Canadá, pero me habían informado mal. Mientras respetes estas condiciones no deberías tener problemas, pero con Trump están muy locos y no quieren que te quedes en su país. También nos sacamos un seguro, porque si te pasa algo allí, prepárate para pagar y soltar dolarines. Y, lo más importante, miramos el billete con bastante tiempo. No nos costó muy caro, creo que nos salió por unos 600€ a cada una, incluyendo la ida y la vuelta. ¡Eso sí, con mil trasbordos!”.

Laura Rueda - ¿Tuviste algún problema en el aeropuerto?

Sparks - “Nosotras nos compramos el billete como para estar tres semanas allí y dijimos que íbamos a hacer turismo y a visitar a una amiga. Pero claro, luego nos quedamos más tiempo. No te recomiendan que te compres el billete de vuelta para temporadas largas como tres meses porque se rallan. No quieren que estés allí tanto tiempo. Entonces compramos la vuelta y la perdimos. En principio, la íbamos a cambiar, pero al final no lo hicimos.

Esta amiga también nos recomendó la ropa que nos teníamos que llevar porque hace un calor infernal en la montaña. Y ropa calentita y térmica para la noche, ya que nos dijeron que igual teníamos que dormir en tiendas de campaña. Al final no fue así porque ¡ahora te cuento la suerte que tuvimos con la gente a la que conocimos! Allí nos compramos tienda de campaña, saco de dormir y un coche. Nos dieron el contacto de unos mexicanos que lo vendían y estuvimos viajando con él. También lo usamos bastante para dormir. ¡Estuvimos en sitios muy guapos!”.

Laura Rueda - ¿Cuánto os costó el coche?

Sparks - “El coche nos costó 800 dólares. Le sacamos un seguro y le cambiamos el nombre. En total nos salió por 1.200 dólares. Era el coche más reventado que vimos porque nos decían que lo más barato eran 1.500 dólares, sin incluir el cambio de nombre y el seguro. Y dijimos que no, que era mucho dinero y que no lo teníamos. Mentira, lo teníamos, pero no lo queríamos gastar. Y ahí fue donde dormimos, además de viajar con él”.

Laura Rueda - ¿Conocías a alguien allí o buscaste la granja por tu cuenta?

Sparks - “No conocíamos a nadie. Nos habían dicho nombres de pueblos a los que podíamos ir. Y nos habían indicado que teníamos que ir a los bares a preguntar, porque es donde van los farmers, es decir, los granjeros. Tengo que decir que nosotras al principio, cuando nos preguntaban que qué hacíamos allí, decíamos que estábamos viajando, lo cual también era verdad, ya que nos daba apuro decir que íbamos a cortar hierba. También es que en los primeros pueblos a los que fuimos, que estaban al sur, no se cultivaba o no se hablaba tanto de cannabis. Nosotras estuvimos en el condado de Mendocino. Eran pueblos muy bonitos y muy pequeños. La mayoría de ellos solo tenía un bar”.

Laura Rueda - ¿Cómo encontrasteis el trabajo?

Sparks - “Nos dijeron que nos fuéramos a uno de esos bares de pueblo porque allí se reunía mucha gente. Nosotras viajamos en junio y la temporada empieza en septiembre y octubre. Aún así, tuvimos mucha suerte. Había un micro abierto, yo me había llevado el ukelele y Dakota me dijo, “tía, sal a tocar, que así vamos a conocer gente”. Yo tengo mini pánico escénico, pero me tomé dos cervezas y se me quitó.

Un montón de señores tocaron su guitarra y cantaron sus canciones country, que eran muy tristes. Y entonces salí yo con mi ukelele, la única mujer y española, con mi inglés de ese momento, que era algo peor… “Hello, I’m from Spain”. Se partían de risa. Empecé a tocar y les gustó mucho. La gente estaba súper motivada gritando “otra, otra”. Nos invitaron a birra después de eso y conocimos a un colega que nos llevó a un festival de country y folk muy feminista donde había mucha gente fumando hierba.

Y el último día de ese festival conocimos a un señor que nos preguntó si aún estábamos buscando trabajo y nos presentó el que sería nuestro jefe y nuestro salvador, Brad. Así que nos fuimos a la casa de Brad, que vivía con su mujer y sus hijos. Y tuvimos la suerte de que él tenía unas cabañitas y Dakota y yo pudimos compartir una. Otra señora que trabajaba con nosotras tenía su tienda de campaña. Y la cuarta compañera, como era del lugar, se iba a su casa todos los días”.

Laura Rueda - ¿Cómo era vuestra rutina diaria en la granja?

Sparks - “Cada día nos levantábamos temprano porque había un cuervo que nos despertaba por la mañana. A veces a las 6.30, otras a las 7, ya con la luz del día. Nos tomábamos un té o un café mientras preparábamos las cosas y nos poníamos a trabajar. A las 8.00 de la mañana estábamos ya cortando hierba y seguíamos hasta las 21 ó 22h. Parábamos un ratito a medio día para descansar y, entre las 18 y las 19h, Brad nos llamaba para comer. Nosotras comprábamos comida, pero él nos hacía la cena, que es como la comida más fuerte que se hace allí. Entonces no gastábamos mucho dinero, ni en comer ni en cerveza o vino, porque él nos compraba de todo. Tuvimos una suerte del copón”.

Laura Rueda - ¿Tuviste algún problema? ¿Cuánto dinero ganasteis y en cuánto tiempo?

Sparks - “El problema fue cuando yo me fui a México. Brad había cultivado en verano, pero también cultivó para la temporada real y nos preguntó si nos queríamos quedar. Dakota se volvió y yo me quise quedar. Entonces me fui a México 10 días porque me dijeron que así podía renovar el visado, pero cuando volví me tuvieron tres horas y media en inmigración y me dijeron que “nanai de la China”. No me la renovaron, así que me quedé hasta que se acabó el visado y en dos semanas más me volví.

Con lo cual yo tampoco hice tanta pasta porque me gasté bastante, pero Dakota creo que se trajo unos 8.000 dólares limpios, sin tener en cuenta que nos habíamos comprado cosas y que habíamos hecho gastos, además de que viajamos bastante. Yo creo que pudimos ganar unos 12 ó 13.000 dólares tranquilamente. El dinero que ganamos lo ganamos en poco más de dos meses y medio”.

Laura Rueda - ¿Cómo dirías que fue tu experiencia en la granja en general?

Sparks -  “La experiencia en la granja fue espectacular. Los colegas de mi jefe eran muy guays. Cuando la mujer se iba hacíamos unas fiestas increíbles. Y todo con gente de allí, porque muchas veces la gente que se va a trabajar es muy hippie, muy joven o estudiante. Una de nuestras compañeras de trabajo era norteamericana de ascendencia china, con 66 años y la otra, también norteamericana, tenía 59. Y todos los amigos de mi jefe pues lo mismo, cincuentones y sesentones”.

Laura Rueda - Lo mejor y lo peor de tu experiencia.

Sparks -

“Lo peor fue no haberme podido quedar más tiempo. Si lo llego a saber, me quedo de ilegal hasta diciembre, porque no creo que me vuelvan a dejar entrar hasta dentro de una temporada. Todo fue bien, y yo estaba deseando irme de España. Al principio me daba mogollón de miedo porque no sabía qué iba a pasar. Y todos los días pasábamos por una montaña rusa de emociones… nos levantábamos súper emocionadas: “¡Venga, tía! ¡Hoy vamos a conseguir algo!”. Y a media tarde nos veníamos abajo. “Mierda, tía. No vamos a poder, nos vamos a gastar un montón de dinero y no vamos a encontrar nada, ¡qué horror!, ¿por qué hemos hecho esto?”

Y por la noche nos decíamos: “da igual, la aventura es la aventura. Mañana será un nuevo día y podremos conseguirlo”. Así que el modo de vida fue, como dicen los catalanes, “anem fent” o “ya iremos viendo”. Cada día hacíamos lo que podíamos, cosa que a mí me venía muy bien porque yo soy muy ansiosa y necesito tener las cosas planeadas. Considerando que soy una persona a la que le gusta improvisar, me gusta saber los detalles de antemano. Pero fue una experiencia tan guay… ¿Lo repetiría otra vez? ¡Sin duda! Y sí, era la primera vez que iba. ¡Es que fue increíble! Me lo estoy planteando para este año, pero no lo sé, tengo que hablar con mi jefe, porque yo a la aventura otra vez creo que no me iría”.

Laura Rueda - ¿Quieres compartir alguna anécdota?

Sparks - “Nos quedamos en un barrio de gente con pasta. La señora del AirB&B donde nos quedamos era muy peculiar. El primer día nos contó una historia para hacernos saber que tenía armas en su casa. Evidentemente todo el mundo tiene.

Cuando conocimos a la persona que me presentó a mi jefe nos dijo, “yo conozco a un señor con el que ya he trabajado muchísimo tiempo. Es un tipo que bebe bastante, pero es guay, mientras cumplas con tu trabajo… pero le vamos a mandar una foto vuestra para que vea que sois guapas”. Y yo le dije, “no me voy a ir a la montaña con un señor que está más solo que la una…” Y él, “que no, que no, que él nunca ha abusado de nadie. Simplemente quiere compañía porque está muy solo y prefiere que sean chicas guapas”.

Laura Rueda - Yo he leído historias que dan bastante miedo...

Sparks - “Nosotras habíamos escuchado que había tías a las que les pedían cortar hierba en topless y cosas de estas. Estábamos un poco desesperadas y le mandamos la foto, pero nunca fuimos con ese hombre ni tuvimos intención, porque no nos gustó un pelo, evidentemente. Pero estas cosas pasan. La mayoría de las personas que cultivan son hombres, hay mujeres también, por suerte.

Pero la mayoría son tíos que beben y fuman bastante y están muy solos en la montaña. Normalmente son gente que no tiene familia, y están esperando a ver si vienen niñas guapas a cortar marihuana y por lo menos se alegran la vista. A nosotras nos dijeron que prácticamente no había casos de abusos, pero por otro lado nos dijeron que sí”.

Laura Rueda - ¿Suelen contratar a más hombres o a más mujeres?

Sparks - “La mayoría de la gente, tanto hombres como mujeres, prefieren contratar a mujeres, porque parece que somos las que robamos menos, las que mejor nos comportamos y las más productivas. Confían más en nosotras. Y si vienen chicos prefieren que sean en pareja, chico y chica. Si van dos tíos juntos les resulta más difícil encontrar siempre. De hecho nosotras éramos todas mujeres. Casi lo prefería, yo me alegré. No pasa nada, pero entre mujeres hay cierta conexión. No tengo nada en contra de los hombres, qué conste”.

Laura Rueda - ¿Qué tal fue tu experiencia viajando con tu amiga?

Sparks - “Lo más curioso es que Dakota y yo no nos conocíamos prácticamente, cosa que era más aventura que la propia aventura porque podría haber salido como el culo, ya que somos muuuuuuuuuy diferentes. Ambas somos fáciles, porque nos daba igual dormir en el coche o comer lo mismo todos los días. Nos tiramos tres semanas comiendo de neverita, ya que no queríamos gastarnos mucha pasta. Un día nos dábamos un lujo y comíamos por ahí, pero comer por ahí es carísimo también. Gracias a los mexicanos descubrimos puestecitos de comida mexicana, que nos vinieron bien.

Al final Dakota y yo tuvimos un par de discusiones, pero ten en cuenta que menos ir al baño, dormíamos juntas, trabajábamos juntas, hacíamos todo juntas. Yo me eché un “lover” y por lo menos me iba de vez en cuando a Santa Cruz a visitarlo y nos perdíamos un poco de vista, también cunado ella se iba a ver a una amiga que tenía en Mendocino. Pero es que, claro, cuando nos íbamos a despejarnos, cogíamos el coche, nos íbamos por ahí, y al final estábamos juntas también. Ella es muy tranquila, yo soy muy intensa, Tuvimos algún momento complicado, pero en general nos llevamos muy bien, sorprendentemente bien. Me volvería a ir con ella, de hecho”.

Laura Rueda - Si el cannabis es legal en algunos estados de EE.UU, ¿¡por qué tanto revuelo con las granjas?

Sparks - “En la zona donde yo estaba el cannabis es legal, pero tú puedes tener en tu casa 99 plantas, si no me equivoco. Mi jefe tenía en verano cuatro green houses, o invernaderos, y cada uno tenía entre 100 y 150 plantas. Ya con un invernadero se colaba pero luego montó dos o tres más. Hay gente que tiene plantaciones mucho más grandes, la suya es bastante pequeña comparada con otras. Aún así, nosotras calculamos que el tipo se hacía con medio millón de dólares.

La movida con la marihuana es que es legal cierta cantidad, que se supone que la tienes que destinar para uso terapéutico, pero la recreativa se vende más cara. Mi jefe, en concreto, vendía más recreativa que terapéutica. Y vendía para hacer aceites y más cosas con CBD. Así que, haciendo recuento, mi jefe tenía más plantas de la cuenta, primer punto ilegal. Segundo, nosotras estábamos con un visado de turista pero cobrábamos por trabajar. Tú no puedes estar ahí, si la policía te pilla te deporta. No entras en la cárcel, pero te deporta a tu país automáticamente”.

Laura Rueda - ¿Tuvisteis algún susto con helicópteros?

Sparks -  “A veces veíamos helicópteros y un día nos tuvimos que ir de casa porque nos dieron un chivatazo de que la policía estaba en casa de uno de los vecinos. Y, de hecho, le quitaron todas las plantas. Nos tuvimos que ir a casa de una de las mujeres que trabajaban con nosotras. Yo en ningún momento sentía que estaba haciendo nada ilegal, estaba muy tranquila. Pero nos advirtieron de que estuviéramos preparadas con botas de montaña, con todo el calor que hacía, por si teníamos que salir corriendo por la montaña. Y teníamos localizados sitios por los que podíamos escapar. Una cosa que no hacíamos, que teníamos que haber hecho, es llevar nuestro pasaporte encima, para que no lo encontraran en la casa, porque igual nos tendríamos que haber quedado en el país”.

Laura Rueda - ¿Tuvisteis algún susto serio?

Sparks - “Hubo una noche, después de una fiesta, en la que nos equivocamos de camino a la montaña porque habíamos bebido un poco, ya sé que está mal, ¿vale? No estábamos muy ciegas, pero eran unos caminos muy liosos por la montaña, era de noche y estaba muy oscuro. Cuando nos paramos un tipo disparó, yo creo que al aire, para asustarnos y que nos fuéramos. Porque ahí todo el mundo está plantando marihuana y tienen miedo de que les roben. A mi jefe le robaron todas las plantas hace cinco o seis años. Eso es una pasta y supone quedarte sin dinero ese año. A partir de ahí se volvió más desconfiado.

Yo en concreto tuve mucha suerte y en Mendocino es un poco más seguro, creo, y no hay tanta mafia. En Humboldt, que está más al norte, hay mucha mafia gringa y mexicana. Y hay gente que mata porque al final estás traficando con drogas. Puede que esté muy guay el cannabis, lo que supone la planta y la vida en el campo, al menos esa fue mi sensación, pero a nosotras nos han contado cosas muy chungas. En plan, “se metió en su casa y lo mató para robarle las plantas”. Y nosotras vivíamos en una cabaña con puertas de cristal y sin pestillo. Yo escuchaba a veces ruido por las noches y no sabía si era un oso o alguien que había venido para robarnos. Y ahí podía haber entrado cualquiera. Aunque mejor eso que una tienda de campaña, ¡imagínate a un oso en una tienda de campaña! Yo porque me han contado estas historias, pero aún así te digo, toda la gente que me encontré era muy amable y todo el mundo quería ofrecernos trabajo.

Yo era muy feliz viviendo en el monte, me hubiera quedado a vivir ahí. Lo que pasa es que luego sales del monte y te das cuenta de que estás en EE.UU y están todos locos. Aunque en California son todos bastante abiertos y libres y hay comida sana y mercados. Mucha comida rica, mucha cerveza artesanal, mucha gente fumando hierba y gente muy amigable”.

Kannabia Seeds Company sells to its customers a product collection, a souvenir. We cannot and we shall not give growing advice since our product is not intended for this purpose.

Kannabia accept no responsibility for any illegal use made by third parties of information published. The cultivation of cannabis for personal consumption is an activity subject to legal restrictions that vary from state to state. We recommend consultation of the legislation in force in your country of residence to avoid participation in any illegal activity.

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Kannabia Seeds Company vend à sa clientèle un produit de collection, un souvenir. Nous ne pouvons pas et nous ne devons pas donner de culture, donc notre produit n’est pas destiné à cette fin.

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