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Nocif’Art: Cuando la colilla se convierte en creación

Alexandre Hannesse (Bruselas, 1970) se declara un artista aficionado pues, como la gran mayoría de los creadores, no vive de sus obras. Siempre se sintió atraído por la fotografía y, más concretamente, por los retratos en blanco y negro. Tras muchos años detrás de la cámara y con algún que otro trofeo bajo el brazo, decide dar el salto a las telas pero cambiando los pinceles por… colillas de cigarro.  El concepto de “Nocif’Art” acababa de nacer y, con él, Gothlieb Tjiackk su alter ego, un artista imaginario nacido de un concepto que emana de una fusión entre arte y nocividad.


“Suspicion” (Sospecha)

YWS. – ¿Quién es Gothlieb Tjiackk?

Quería encontrar un pseudónimo que pudiera fusionarse con el concepto. No quería usar mi nombre familiar. Pero con el tiempo me doy cuenta de que la gente no retiene el nombre del artista sino la idea “Nocif’Art”. Utilizar la nocividad para hacer arte. Intentar hacer algo bello con materias nauseabundas. Al final, Gothlieb Tjiackk no es más que un pequeño gran detalle. He inventado el concepto y también el personaje que va con él, pero no tiene mucha importancia.

YWS. – ¿Puede el arte ser nocivo?

¿El arte? No, no creo. Bueno, depende de cómo se utilice…

YWS. – Lo mismo puede decirse de otras sustancias. Hay materias que son nocivas por sí mismas como la radioactividad. Pero en el caso de las drogas, por ejemplo, también depende de cómo se utilice. ¿Son las sustancias las nocivas o es el individuo el que las corrompe?

Ahí entramos en el campo de la nocividad “moral”… Por ejemplo en la imagen “Sospecha” que muestra a un cura con un rosario hecho de caramelos. Se trata de una crítica sobre la pedofilia, que es tan nociva como las sustancias narcóticas o los productos contaminantes. Estamos tan rodeados de elementos nocivos que ya no nos damos ni cuenta. Lo hemos banalizado hasta el punto de aceptarlo como algo normal. Todos vivimos rodeados de esto (colillas, polución, químicos…) así que mi intención es poner de manifiesto lo que ya no vemos. Ponerlo físicamente en un cuadro o en una fotografía para que seamos conscientes de su existencia. No es un arte “sobre”, es un arte “con”.

YWS. – Muchos de los personajes de los cuadros son grandes iconos… ¿Se trata de una elección estética o hay algo más detrás?

Yo tengo un lado bastante rock and roll y soy muy melómano así que mis referencias son principalmente estas. Pero hay otra razón, encuentro interesante hacer un retrato de Jimmy Hendrix con colillas de cigarro… Hay una lógica, una relación directa entre el rock, el “live” y el fumar. Antes en todas las salas de conciertos había una nube de humo que lo cubría todo. Ahora ya no se puede pero el espíritu es el mismo. Hay una relación carismática entre esas materias y los personajes.  No podría haber hecho un retrato de Berlusconi, por ejemplo, con colillas. No tendría sentido. Tiene que haber una correlación entre el tema y la materia escogida para representarlo.


Jimmy Hendrix (2012)

 


Bob Marley (2016, acuarela de resina de cannabis)

YWS. – ¿Se puede decir que son personajes “nocivos”?

De cierta manera lo fueron. En el sentido de nocivos para ellos mismos o “malos” para la moralidad de la sociedad. No tendría sentido hacer un retrato del Papa con cigarrillos, por ejemplo. La gente creería que estoy criticando al catolicismo y no se trata de eso. Como en el caso de la fotografía del cura, hay una lectura subyacente además de un poco de humor “negro”. Si la imagen (cuadro o fotografía) interpela a la gente, está bien. Ese es el objetivo del arte, provocar algo en el espectador. No se trata de hacer un cuadro y colgarlo en el muro. Hay que atrapar a la gente, pero no es fácil. He llegado a un punto en el que me siento prisionero de mi concepto… Hacer un cuadro con un paisaje de un campo, no puedo. Sueño con la idea de la nocividad. No puedo salir de ahí.

YWS. – Con el cannabis como materia sólo ha creado una obra… ¿Por qué?

Primero porque es una técnica muy reciente. Mi primer cuadro, el retrato de Bob Marley, lo terminé en agosto de este año. Estoy trabajando en otros pero aún no los he expuesto. No trabajo “en serie” y cada obra requiere mucho tiempo y dedicación. En el caso de esta acuarela, si en el rótulo del cuadro no aparece “hecho con resina de cannabis…” la gente va a creer que una “simple” acuarela. Pero no lo es, es mucho más sutil. Hay que meter la resina de cannabis en agua hirviendo, amasarla y después aplicarla como la pintura al agua sobre la tela de algodón, con muchas capas para hacer los diferentes tonos. El negro está hecho con tinta china, pero para el fondo de grises he utilizado la ceniza de los propios cigarros.

YWS. – Las colillas son el material “estrella” de sus creaciones pero hay otras materias bastante más sorprendentes como el esmog que ud. llama “smographes”…

Se pueden hacer obras con pesticidas, con Coca-cola, incluso con la cerveza o el azúcar, etc. Por un lado está la faceta rock, un poco humorística o incluso loca que experimento para divertirme y divertir. Sin embargo, como artista tengo la suerte de poder darle a mis creaciones también un aspecto pedagógico. Detrás de esa imagen aparentemente banal, hay una crítica a la contaminación, a los OGM, al consumo de cigarros o de cannabis a los 14 años…


“Smog Empire” (2014)

YWS. – ¿Cuál fue el desencadenante de esta mezcla? ¿Qué le hizo imaginar el Nocif’Art?

Comencé en 2006 con este concepto. El primer cuadro fue un retrato hecho con colillas del Che Guevara, un gran clásico… Un cuadro muy grande que me tomó un año en terminar. El tiempo de aprender la técnica, de perfeccionarla. Fue mi primer prototipo y no está a la venta, se queda para la familia. Contiene algo así como 20.000 colillas. Cuando terminé ese cuadro, me di cuenta de que había otras muchas ramas que explotar. Es decir, la fotografía, las técnicas como la acuarela de cannabis, la utilización de diferentes materiales como las partículas finas del esmog… Tenía mucho qué probar y no todo con éxito claro. He hecho algunas obras que no valen, errores, experimentos que no salen bien.

YWS. – Diez años después y el concepto de Nocif’Art sigue vivo. ¿La nocividad es infinita?

Digamos que desde el 2006 al 2010, estuve probando varias técnicas. Estaba investigando.  A partir de 2010 creé oficialmente la página web “Nocif’Art” para mostrárselo a la gente. Ahora me doy cuenta de que tras diez años de trabajo tengo muchas posibilidades artísticas ante mí.

El concepto de nocividad en sí no se acaba… pero es como en el amor: hay que aportar siempre algo novedoso de uno, actualizarlo. Por eso la búsqueda de otras materias. No puedo quedarme en las colillas de cigarros, hay que continuar buscando, dándole vida al concepto.


“Alcoolisme”

 


“Belgic(é)isme”

 


“Nuclé(ère)”

 


“Ice crime”

 


“Contrebande”

 


“O.G.M.”

YWS. – ¿Cuáles son los comentarios que le hace la gente que ve sus cuadros?

Siendo modesto, la verdad es que no he encontrado a nadie a quien mis obras le dejen indiferente. Más bien al contrario. Hay mucha gente que me ha confesado sentirse “impactada”… También he sufrido la censura, como con la imagen del cura. Yo no creía que la censura existiera y menos en el arte “amateur” (yo me considero un aficionado), pero existe.

YWS. – Hay gente que no acepta esa parte nociva de sí mismos, que no aceptan mirarse en ese espejo.

Sí y lo encuentro más hipócrita aún. Tenemos ese lado nocivo y no querer verlo no significa que deje de existir.

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