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La arquitectura musical oculta de Moon Duo

Abordar los misterios del universo a través de la música no es algo nuevo. Poner banda sonora al cosmos es algo que se ha buscado siempre. Ya seas un chamán alterado golpeando un cráneo de morlock o Tangerine Dream pulsando los botones de esos primigenios secuenciadores analógicos dentro de una iglesia.

Esas miradas absortas en su música, entre esquizofrenia e iluminación experimental, son parte de la historia. Decir qué música le pega más al universo sería cuanto menos estúpido. Todas la músicas no dejan de ser vibración, de la misma manera que el universo también lo es, pura vibración entre muchos otros misterios. Palabra de Neil deGrasse, amén y axioma astrofísico.

Si es cierto que para dejar nuestro cuerpo a través del viaje astral, necesitamos una hipnosis uniforme. Ese chamán nos guiará sabiamente a base de ritmos repetitivos de fémur y cráneo. Aunque me considere defensor del medio analógico cavernícola, tal vez un método actualizado nos presente como algo más serio ante otras entidades.

Postureo interestelar, ya saben. Qué mejor sistema que uno que nos conecte al cosmos y que haya sido diseñado por unos cuantos hippies locos alemanes. Tecnología lisérgica musical Made in Germany. Si mandamos un mensaje a otra civilización del universo, que sea en krautrock, por favor. Uniformidad y trance, guiarán a la psicodelia para abrir las puertas del universo y la percepción. Al abrirlas descubriremos a Moon Duo resonando en el vacío con su nuevo disco Occult Architecture Vol.I (2017, Sacred Bones Records).

La banda de Portland, compuesta por Ripley y Sanae Yamada, hace honor al credo del spacerocker,desentrañando los misterios ocultos de la arquitectura del universo en dos volúmenes diferentes y que se complementan entre sí.

Tras las construcciones que proyecta el universo, podemos encontrar sombras que iluminan enigmas. Gaudí decía que la arquitectura es la ordenación de la luz. Tal como se refleja sobre la forma de las cosas da un sentido u otro. Esa luz siempre está expuesta a su dualidad continua, una cualidad indispensable para entender la mecánica cuántica y nuestro universo, pero también el fundamento del taoísmo: el yin y el yang. Luz y oscuridad. Dos partes diferenciadas, retroalimentadas entre sí en un todo. Sin una, no existiría la otra.

Estos estados superpuestos han servido para tejer el concepto del nuevo disco de Moon Duo, donde este primer volumen nos acercará a la cara más oscura del universo, mientras que el siguiente abordará la parte luminosa de nuestro ser y el cosmos. Divagaciones metafísicas aparte, Occult Architecture Vol. I es ante todo un disco de krautrock versátil y variado, más allá de la uniformidad que se le supone a este estilo. Porque esta es el arma de doble filo de Moon Duo a lo largo de sus trabajos. Beber y alimentarse tanto de un mismo concepto hace que a veces la fórmula, dentro de la visión global de sus discos, pueda resultar monótona. Aún así, esto es lo que son y nos molan por ello. Esta densidad puede impedirnos disfrutar o dejarnos atrapar para entremezclarnos con el sonido único que consiguen.

El primer punto positivo de Occult Architecture Vol. I es el número de cortes elegidos, al reducirse en tres los de su anterior trabajo, Shadow of the Sun (2015, Sacred Bones Records). Esta decisión marcará parte del dinamismo, al conseguir que el bloque respire mejor y no caiga en la monotonía por la uniformidad del krautrock.

Nos encanta atraparnos en las capas que se desprenden en los temas del disco, pero el oído se aburre cuando le dan más de lo mismo. La fórmula funciona mejor cuando hay recursos y diversidad, pero sobre todo un metraje optimizado. Por eso, dentro de Occult Architecture encontraremos estos elementos mejor ordenados que en otras ocasiones. Hay temas que van como un tiro como “Creepin’”, con un riff concreto de Ripley sin divagar en la nube cósmica, cosa que ya ha hecho al comienzo, con la casi monocorde “The Death Set” y la oscuridad de “Cold Fear”. El contrapunto a los jam espaciales de Ripley lo ponen las bases de Sanae Yamada, sobre todo  en temas como “Cross-Town Fade” o “Will of the Devil”, sintiendo que en esas partes los detalles de los teclados y sintetizadores adquieren más peso y le aportan ese patrón fijo sobre el que se sustenta el viaje continuo de la guitarra. Esto último queda mucho más patente en la pieza “White Rose”, donde las melodías vocales, las bases y el jam triposo de la guitarra de Ripley se entremezclan para cerrar el ciclo hipnótico.

El próximo 5 de mayo  se publicará el volumen II, complementando el cierre de ese concepto invisible que hay más allá de la arquitectura que sustenta al universo y a nosotros mismos.

Kannabia Seeds Company sells to its customers a product collection, a souvenir. We cannot and we shall not give growing advice since our product is not intended for this purpose.

Kannabia accept no responsibility for any illegal use made by third parties of information published. The cultivation of cannabis for personal consumption is an activity subject to legal restrictions that vary from state to state. We recommend consultation of the legislation in force in your country of residence to avoid participation in any illegal activity.

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