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El poema del hachís, por Charles Baudelaire

Corría 1884 y Francia estaba en plena efervescencia de un movimiento artístico que marcaría la literatura contemporánea, el simbolismo. Ese mismo año se publicaba el libro Los poetas malditos. Su autor, Paul Verlaine, decidió incluir dentro de esta recopilación de ensayos a Charles Pierre Baudelaire, al considerado como padre de la poesía moderna. El motivo, su ritmo de vida bohemia, desenfrenada, oscura y llena de excesos y la visión del mal que impregna toda su obra.


Charles Baudelaire

Años antes, en 1845, Baudelaire había empezado a consumir hachís. Esta no fue la única sustancia que le acompañó durante los procesos de creación y, en general, en su rutina de vida diaria. Opio, alcohol, derivados del cannabis… Las drogas tuvieron gran importancia en la trayectoria intelectual de Baudelaire, pero él nunca las platonizó.

Seguramente se encontraría bajo el efecto de alguna de estas sustancias cuando en 1857 escribió su célebre obra Flores del mal. Este libro le costó la censura de la época en su primera edición, y se publicó sin incluir los famosos poemas prohibidos. No fue hasta 1949 cuando vieron la luz. Pero para entonces hacía 82 años que el poeta ya no estaba vivo. Lo catalogaron de inmoral por exaltar el goce de la vida y de las pasiones. En tiradas posteriores se incluyeron 30 nuevas composiciones. Pese a su historia controvertida, Las Flores del mal está considerada como una de las obras más importantes de la poesía moderna, ya que sus versos se mostraron con una nueva estética. En ellos, al igual que en creaciones de otros poetas del simbolismo, como Verlaine, Mallarmé o Rimbaud, la belleza se encontraba en las situaciones más triviales.  


Henri Fantin Latour

Lo curioso de Baudelaire, aún siendo un autor del siglo XIX, es que decidió usar sustancias psicoactivas de forma voluntaria para explicar qué efectos sentía al consumirlas. Algo así como un género kamikaze a lo Hunter S. Thompson, pero adelantándose un siglo al padre del periodismo gonzo. Baudelaire quería experimentar en primera persona, para después comunicarlo en su escritos. En sintonía con esta práctica, en 1860 publicó otro de sus libros célebres, Los paraísos artificiales. En este ensayo contó en primera persona lo que sentía al consumir opio y derivados del cannabis, ya que, según él, uno podía llegar al paraíso con solo estar bajo el efecto estas sustancias. En el libro habla del vino, el hachís y el opio.

Coge prestada la expresión “Paraísos artificiales” de una tienda de flores artificiales que había en París y traduce al autor Thomas de Quincey, que había escrito “las confesiones de un comedor de opio inglés”. Según la introducción del libro, el propósito de Baudelaire era hacer una “especie de tratado semifilosófico y semicientífico sobre la naturaleza, el uso y los efectos del hachís, que entonces procedía de Oriente y ofrecía ese aliciente romántico de exotismo y ebriedad. […] multiplicando los puntos de vista, Baudelaire examina sistemáticamente todos los aspectos del consumo del hachís, desde el lado fisiológico y psíquico, hasta el lado moral”. En la obra podemos leer, refiriéndose al hachís: “Qué sentido tiene trabajar, labrar el suelo, escribir un libro, crear y dar forma a lo que fuere, si es posible acceder de inmediato al paraíso?”. Baudelaire era profundamente católico y su idea de paraíso iba mucho más lejos que los efectos que pueden provocar un viaje bajo los efectos de cualquier sustancia. Así que, queda decepcionado por este paraíso artificial.  


Les Paradis Artificiels Opium et Haschisch 1860

En el primer capítulo compara al vino y al hachís como medios de multiplicación de la individualidad. “El hachís produce en el hombre una exasperación de su personalidad y al mismo tiempo una sensación muy viva de las circunstancias y el ambiente. Conviene no someterse a su acción sino en ambientes y circunstancias favorables. Así como todo júbilo y todo bienestar son excesivos, así también todo dolor y toda angustia son inmensamente profundos. No hagáis semejante experiencia si tenéis que realizar alguna tarea desagradable, si vuestro ánimo se siente inclinado al spleen, si tenéis que pagar una cuenta. Ya he dicho que el hachís es inadecuado para la acción. No consuela como el vino”.

El término spleen fue muy usado por este movimiento y fue Baudelaire quien la popularizó y  llegó a escribir un libro  en 1869 titulado Le Spleen de París. Su significado original viene del término inglés bazo y se relaciona con la melancolía por la medicina griega y su teoría de los cuatro humores. Por eso spleen daba forma al “estado de melancolía sin causa definida o de angustia vital de una persona”. Así que el poeta no recomendaba el consumo de hachís si alguien se sentía en este estado alicaído.

“Entre las drogas más aptas para crear lo que yo llamo el Ideal artificial, dejando de lado las bebidas que impulsan rápidamente al furor material y abaten la fuerza espiritual, y los perfumes, el empleo excesivo de los cuales, si bien hace más sutil la imaginación del hombre, agota gradualmente sus energías físicas, las dos sustancias más fuertes, aquellas cuyo empleo es más cómodo y accesible, son el hachís y el opio”.

Al final, Los paraísos artificiales acaba siendo una oda al vino, ya que ni el opio ni el hachís salen muy bien parados en las consideraciones del literato galo. “(…) El vino exalta la voluntad; el haschisch la aniquila. El vino es un apoyo físico; el haschisch es un arma para el suicidio. El vino hace bueno y sociable; el haschisch aísla. El uno es laborioso, por así decirlo; el otro, esencialmente perezoso. ¿Para qué trabajar, en efecto, laborar, escribir, fabricar lo que sea, cuando se puede obtener el paraíso de un solo golpe? En fin, el vino es para el pueblo que trabaja y que merece beberlo. El haschisch pertenece a la categoría de los goces solitarios; está hecho para los miserables ociosos. El vino es útil, produce resultados fructíferos. El haschisch es peligroso e inútil”.

Kannabia seed Company vende a sus clientes un producto de colección, souvenir. No podemos ni debemos dar consejos de cultivo pues nuestro producto no está destinado a tal fin.

No nos hacemos responsables del uso ilícito que se pudiera realizar por terceras personas de la información aquí publicada. El cultivo de cannabis para el auto consumo es una actividad sujeta a determinadas restricciones legales que varían entre los distintos Estados. Recomendamos revisar la legislación vigente en el país de residencia para evitar incurrir en la realización de una actividad ilegal.

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