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Vestigios de la felicidad del campesino en Sarthe

De los 542 hornos de secado de cáñamo existentes en la región de La Loire (Francia) a finales de los 90 quedan actualmente la mitad. Los habitantes llevan más de 30 años intentando salvaguardar el patrimonio de la que fue la actividad comercial más fructífera de la zona a la vez que sueñan con volver a la edad de oro del cáñamo.

Basta con pronunciar la palabra mágica “cáñamo” (chanvre en francés) delante de un agricultor de la provincia de Sarthe (región del País de la Loire, Francia) para ver cómo se ilumina su mirada y se desata su lengua. La planta es conocida en la zona como “la felicidad de los campesinos” pues, durante siglos, fue el soporte de su economía y el orgullo de sus habitantes. Ahora que la fabricación textil se ha volcado con el lino en detrimento del cáñamo, la esperanza de un nuevo resurgir de este cultivo parece lejana. Sin embargo, los “sarthois” no se rinden y continúan rescatando y preservando los vestigios de un pasado floreciente.

Los antiguos hornos de secado del cáñamo, repartidos por toda la provincia de Sarthe, son algunas de las huellas inertes que han sobrevivido al paso del tiempo. Testigos silenciosos del amor de la región por esta planta. Durante más de 20 años, una asociación local se dedicó con ahínco a su recuento, clasificación y restauración. La creación de la asociación por la Salvaguarda de los Hornos de Cáñamo nació del impulso de un grupo de antiguos productores sarthois ante el desconocimiento global de la situación de este patrimonio en la zona.

“Los hornos de secado son unos elementos muy típicos y distintivos de Sarthe y de la región de la Loire, dedicada por siglos a la fabricación de la materia prima del cáñamo”, explica el investigador Serge Bertin. Él mismo fue miembro activo de la asociación desde su creación en 1994 y sirvió de enlace con Anne Fillon, directora de la CUEP (Centro Universitario de Formación Permanente) de la Universidad de Maine -y madre del que fuera años más tarde primer Ministro de Francia, François Fillon- para que una quincena de estudiantes de la formación en patrimonio, animación y turismo (DUFCEP) realizaran el trabajo de campo serio y una investigación minuciosa de estas construcciones. De este trabajo universitario se obtuvo en 1996 un mapa preciso de la ubicación en la provincia de hasta 542 hornos. En él se puede observar la existencia de tres zonas distintas en cuanto al tratamiento del cáñamo (Belinois, los campos del norte de Le Mans y Saosnois), cada una con las especificidades que se representan en la forma original de la construcción de sus hornos.


Mapa de la ubicación de los hornos en la región del País de la Loire.

“Los sarthois están acostumbrados a trabajar el cáñamo como sus ancestros, de una manera muy laboriosa” señala el etnólogo Serge Bertin. A la preparación de la tierra, le seguía la siembra a mano que debía hacerse después del 20 de abril para evitar riesgo de heladas. Una vez la semilla en tierra, había que esperar. En tan sólo 4 días la planta germinaba. Al cabo de ocho días, cubría toda la tierra. ¡Cien días después, podía alcanzar hasta tres metros de altura!

Después de cuatro meses de período vegetativo, en la tercera semana de agosto, empezaba la fase final de la cultura del cáñamo: el arranque manual. Un trabajo extenuante, que maltrataba los riñones y quemaba las manos. Las plantas eran cargadas en carretas de caballos y transportadas hasta el río. Empezaba entonces la transformación del cáñamo: el enriamiento, la maceración prolongada en el agua con el fin de facilitar la separación de la corteza y del tallo filamentoso.

Llegado el invierno se procedía a las dos últimas fases: el secado y la molienda. En la cámara de caldeo de estos hornos, se secaba la hornada gracias al calor sofocante que desprendía durante una decena de horas una canasta de hierro llena de carbón. Al día siguiente, hacia las seis de la mañana, comenzaba la trituración.


Plano de corte de un horno de secado de cáñamo

Desapercibidos para el visitante desprevenido, o confundidos a menudo con palomares, los hornos de secado de cáñamo representan sin embargo una verdadera riqueza arquitectural para el medio rural sarthois. Según la zona, encontramos dos tipos de construcciones: el horno de planta redonda (los más extendidos) o cuadrada. Vestigios de una industria original, son los orgullosos testigos de un mundo agrícola capaz de transformar él mismo, en su casa, su propia producción.

Hasta 2015, la asociación de Salvaguarda de los Hornos de Cáñamo de Sarthe cumplió con su misión de apoyo a los propietarios para encontrar financiación para su restauración. La mayoría de las intervenciones patrimoniales se llevaron a cabo con fondos FEDER, corrientes en Francia durante la décadas de los 90 y principios del siglo XXI. “Cuando terminaron el recuento de los hornos y se acabaron las ayudas europeas para Francia, la asociación dejó de ser necesaria… La mayoría de sus miembros activos eran ya muy mayores por lo que la iniciativa fue perdiendo fuelle con la muerte de su presidente”, apunta Serge Bertin.

Actualmente varias iniciativas continúan en marcha para devolver al cáñamo al lugar que le corresponde dentro de esta región francesa. Yvette Sourdille, presidenta de la Oficina de Turismo de Mamers y de Saosnois, avanza algunos de los pilares del proyecto que verá la luz en 2017: “se trata de la creación de varios itinerarios del Cáñamo uniendo todos los elementos que componen este patrimonio”. Estos circuitos turísticos pasarán por los dos museos que ya existen en Vivoin y en Saint-Rémy-du-Va y se completarán con las visitas guiadas a los hornos. “El cáñamo son los hornos, pero también todas las actividades textiles que se derivaban de este cultivo como la fabricación y el bordado de redes que fue localmente una actividad industrial superior”, añade la que también fuera miembro de la desaparecida asociación.

En cuanto a la recuperación de los hornos, que representan la cultura rural de toda una región, un colectivo de habitantes “se ha creado desde hace unos años y trabaja activamente para encontrar los recursos necesarios para restaurar los hornos que quedan en pie”, relata por su parte Serge Bertin. Uno de los más significativos, por su construcción en adobe, se encuentra en Aigné, à 10 km de Le Mans. “Data de 1860. Originariamente había un centenar de hornos fabricados en tierra, actualmente quedan dos. Éste en particular se encuentra en muy buen estado de conservación por lo que puede decirse que se trata de un monumento único en el mundo pues no se encuentra en ninguna otra parte”.


Horno de adobe situado en Aigné

Por más de un siglo (desde 1850 hasta 1960), la provincia de Sarthe fue el motor de la producción de cáñamo. A principios del siglo XX, en torno a la Primera Guerra Mundial, Sarthe era la primera provincia productora de cáñamo en Francia. Era la sede de la Federación Nacional de productores de cáñamo, prueba de que esta región jugaba un rol determinante en este cultivo. Los agricultores siguen soñando con el regreso a aquella época dorada, con recuperar la felicidad del campo sarthois.

Pero los tiempos ya no son los mismos, ni las costumbres las de sus ancestros. Actualmente el cáñamo se corta. Un procedimiento que va contra las creencias más profundas de los campesinos de la zona que se negaron a seguir cultivando según las técnicas modernas por considerarlo “una herejía”. “Yo he visto con mis propios ojos cómo numerosos agricultores han guardado la última cosecha, la de 1970, que nunca consiguieron vender y que han conservado hasta la actualidad faltos de coraje para destruirla”, recuerda Serge Bertin con un dejo de nostalgia en la voz. “Aquel año dijeron, no volveremos a plantar”.

(*) Imagen destacada cedida por Serge Bertin

Kannabia seed Company vende a sus clientes un producto de colección, souvenir. No podemos ni debemos dar consejos de cultivo pues nuestro producto no está destinado a tal fin.

No nos hacemos responsables del uso ilícito que se pudiera realizar por terceras personas de la información aquí publicada. El cultivo de cannabis para el auto consumo es una actividad sujeta a determinadas restricciones legales que varían entre los distintos Estados. Recomendamos revisar la legislación vigente en el país de residencia para evitar incurrir en la realización de una actividad ilegal.

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