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Música y Psicodelia III

En esta nueva edición seguiremos profundizando en la relación de la música, la psicodelia y las drogas por el mundo contemporáneo. Esto nos lleva a los EEUU de principios del siglo XX y al protagonista de nuestro capítulo: el Jazz.

Desde finales del siglo XIX se fue haciendo cada vez más popular la música Jazz a nivel global, combinando las armonías occidentales mezcladas con la tradición del continente negro de donde proviene el blues. Así se generó este estilo musical marginal y que tiraba de las drogas de manera bastante importante. Los músicos de esa época empezaron a usarla con fines creativos, dejándose llevar por sus efectos relajantes y psicoactivos. Aunque la relación del jazz y las drogas ha sido tan fructífera como destructiva. Muchos músicos de este palo se han quedado en el camino por los abusos de éstas, arrastrando ese halo de figura maldita. Los Jazzman juegan en otra liga. En la creación de los mitos siempre hay sacrificios musicales para crear la leyenda, donde la droga a veces es verdugo pero también desempeña un papel evocador. Bajo el influjo de ellas se dieron los primeros pasos para crear un género que, como decimos, bebía de elementos de música contemporánea occidental de la época mezclada con esa oscuridad innata y marginal de las raíces del blues, nuestro punto de partida del jazz.

La lírica del blues se alimentaba del sufrimiento de los esclavos negros que trabajaban en los campos de algodón y de cultivo del sur de los EEUU, explotados por los propietarios de las plantaciones. En esa época estaba normalizado el uso de sustancias con fines medicinales como la heroína y la cocaína. Los propietarios se dieron cuenta de que la coca hacia trabajar más a sus trabajadores y además comían menos, un combo perfecto para los caciques de la época. Estas sustancias se les facilitaban a precios muy económicos con tal de convertir a sus esclavos en máquinas de trabajar, a bajo coste, con la mínima inversión para su manutención. Así dio comienzo el idilio de los negros y las drogas, una relación fundamental para el nacimiento del blues y del jazz.

Aunque su uso estaba muy extendido por la facilidad de su venta, estas sustancias se asociaron rápidamente a la comunidad negra, en la que se dieron los ingredientes apropiados para la eclosión del jazz en los clubs y en lugares marginales de Nueva Orleans, donde los esclavos se ganaban un dinero extra tocando. Estaba claro que la gente de color tenía un vínculo especial con la música que habían traído desde África, dando rienda suelta a su creatividad en este contexto social. De esta manera se asocia a esos agujeros de los clubs de Nueva Orleans con la música y las drogas, encontrando su simbiosis perfecta con el ambiente.

El jazz se nutrió de la sordidez y los excesos de la noche para crear el caldo de cultivo idóneo donde la música jazz comenzó a dar sus primeros pasos. En ese ambiente convivió junto al sexo de los burdeles, el alcohol y las drogas. Algo parecido ocurrió con el rebético de nuestro capítulo anterior.

La coca y la heroína podían ser muy destructivas por su uso en la vida del campo y de los clubs. Te destrozaba por dentro y por fuera. Se empezó a ver con buenos ojos la marihuana o mary jane, llegada desde el sur con los revolucionarios mexicanos de aquellos años, y que jugaría un papel importante al crear la justa alteración de los sentidos para integrarse con la música. Es aquí donde irrumpen nombres como Jelly Roll Morton, Sidney Echet o Louis Armstrong, que se mezclaban con ese ambiente de excesos para ir gestando un estilo con una marcada identidad que se estableció como la cultura musical de esos primeros pasos del nuevo siglo.

Durante más de cuarenta años Louis Armstrong usó la marihuana con fines creativos y relajantes. Él mismo recuerda sus encuentros con la planta de esta manera:

“En primer lugar, es mil veces mejor que el whisky… Es un ayudante, un amigo, una buena borrachera barata si quieres llamarlo así… Bueno (muy bueno) para el asma, te relaja…”

“Siempre hemos considerado la hierba como una especie de medicina, un borrachera barata que te proporciona más ideas que cuando uno va hasta arriba de licor.” 

“Estábamos en otro plano, en otra esfera en comparación con los músicos que le daban a la botella, (…) nos gustaba que las cosas fuesen fáciles y tranquilas, suaves y agradables…”

Gracias a la expansión de la industrialización del país a principios del siglo XX se necesitaba una gran cantidad de mano de obra para hacer funcionar todo ese entramado productivo. Se dio un éxodo del mundo rural a las grandes urbes. Todos estos músicos emigraron como mano de obra barata en el Chicago de esa primera década. El estilo musical que desarrollaron en Nueva Orleans pasó de las zonas rurales a las industriales y se fue popularizando entre la población de las ciudades con bandas como “King Olivier Creole Band”.

 

 

Fue en Chicago donde el jazz empieza a popularizarse a nivel mainstream, junto con otros núcleos de la costa este. Para su estandarización y accesibilidad, los blancos tenían que entenderlo y digerirlo. No todos estaban preparados, excepto unos cuantos. Gente como Milton Mezzrow entendió su importancia y fue un personaje clave en la difusión del jazz.


Milton Mezzrow

Mezzrow era blanco y judío, prototipo rebelde que se juntaba con negros. Esto no era lo normal. Esta situación se fue generalizando con los años al haberse roto, siglos después, la brecha generacional que hacía que la gente viviese en guetos en EEUU, aislados unos de otros sin configurarse todavía una sociedad muy heterogénea. Los primeros inmigrantes del nuevo mundo se organizaban por barrios de origen italiano o irlandés, entre muchos otros, desde la independencia de los estadounidenses en 1.789. La sociedad de principios del siglo XX se mezclaba más y aunque se seguían manteniendo los barrios de inmigrantes, con el paso de los años se produjo un intercambio cultural. Mezzrow era de familia judía con dinero y podía pagarse los vicios: la música y la marihuana. Poco a poco fue conociendo a los Jazzman del Chicago de los años 20 y estableciendo parte del estilo del jazz de Chicago que sería asociado al uso de la marihuana. Mezzrow define así su primer colocón de yerba y su influencia con la música:

“Lo primero que noté fue que oía el saxo como si me sonara dentro del cráneo…Luego empecé a acusar mucho las vibraciones de la caña en los labios y la cabeza se me puso a zumbar como un altavoz. Descubrí que ligaba las notas mucho mejor y que daba a las frases el sentimiento justo; en definitiva, la música fluía. A los músicos, la yerba los coloca en una esfera magistral; de ahí que tantos Jazzman hayan recurrido a ella”

Años después, en 1928 Louis Armstrong inmortalizó esa relación con la marihuana con el tema Muggles, nombre con el que eran conocidos los cigarros de la risa que se consumían en los locales entre los años 20 y 30, a los que Armstrong rinde homenaje con esta canción. En la próxima edición seguiremos profundizando en el mundo del jazz y su vínculo con las drogas y la psicodelia. Mientras tanto, yo me hago uno a tu salud, Louis.

 

 

Kannabia Seeds Company sells to its customers a product collection, a souvenir. We cannot and we shall not give growing advice since our product is not intended for this purpose.

Kannabia accept no responsibility for any illegal use made by third parties of information published. The cultivation of cannabis for personal consumption is an activity subject to legal restrictions that vary from state to state. We recommend consultation of the legislation in force in your country of residence to avoid participation in any illegal activity.

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